CRÓNICAS DE AYER

LUIS MARÍN, UN RONDEÑO OLVIDADO


               A lo largo de los muchos años que llevamos vividos, hemos aprendido a filosofar sobre ciertos comportamientos del género humano, sobre todo si se trata de un español, andaluz o rondeño, cuya idiosincrasia es digna de análisis. 

Viene a cuento la entradilla, cuando recordamos la figura de un joven de 29 años, allá por 1.977, olvidado por los viejos y desconocido por los jóvenes. Se llamaba Luis Marín y era rondeño, muy rondeño, y Ronda se olvidó de él. 

Para llamar la atención de Vd., amigo lector, sobre la persona de Luis Marín, le diremos que era "rojo en la época de Franco" y cantaor flamenco, más bien "cantautor", en aquella etapa represora de libertades. Murió en Madrid en extrañas circunstancias a finales de la década de los setenta del siglo pasado, o sea, en plena transición política. 

Luis Marín, nacido en Ronda en 1.948, tenía una voz tan potente y clara, que más de un profesional flamenco quisiera para él. Además, componía las letras de los palos flamencos que dominaba con asombrosa facilidad. Pero las letras, casi siempre, eran reivindicativas de la situación sufrida por la clase trabajadora, hecho delictivo en el tiempo de máxima represión, por lo que sus actuaciones en público eran siempre vigiladas por la autoridad. Sus cantes no expresaban rancios amoríos, ni las bellezas de verdes trigales en un romántico atardecer, sino el sufrimiento de un obrero, que trabaja en el campo de sol a sol, segando el espinoso trigo, sudando por un jornal que no daba para vivir dignamente, ni mucho menos mantener a toda la familia. Vivencias familiares, que eran ejemplo del campesinado español. 

Pero, muerto Franco en 1.975, se traza el camino democrático en España, y Luis Marín se traslada a Madrid, junto a su familia, huyendo de la pobreza campesina. Plantan su residencia en el barrio obrero de Vallecas. De madrugada, Luis trabajaba en el Mercado de Mayoristas, descargando camiones, y luego acudía a la Universidad para estudiar Derecho. Su mayor pecado estaba en ser afiliado a la ORT (Organización Revolucionaria de Trabajadores) y cantar las letras flamencas en su barrio de Vallecas, en el Pozo del Tío Raimundo y en locales públicos de Madrid, donde el cantautor era recibido como excelente cantaor, buen letrista y pacífico luchador (no es incongruencia) por los derechos de los obreros, que, ahora, treinta años después de su muerte, no solo no se han conseguido, sino que se han perdido muchos de los tenían en la Dictadura (esto si es incongruencia). 

Hay que destacar su educación y respeto por las ideas ajenas, de las que somos testigos, cuando, en cierta ocasión, por la amistad que nos unía, accedió a acompañarnos a Arriate para presenciar las procesiones de Semana Santa. Fue admirable su comportamiento de respeto hacia los desfiles procesionales; nosotros, como católicos activos, quedamos admirados de su conducta, que mostraba un porte de cortesía digno de admirar. 

Pero Luis Marín, a la edad de 29 años, cuando estaba consiguiendo estabilizar su vida en Madrid, cierta noche, a la salida del cine en compañía de su novia, en pleno Paseo de la Castellana, murió atropellado, según dicen las crónicas, por un coche lanzado a gran velocidad. El cadáver se expuso en el Hospital de San Carlos y fue impresionante la cantidad de público que acudió para darle su despedida, sobre todo vecinos del Pozo de Tío Raimundo y Vallecas, así como cantantes, músicos, artistas, y militantes de la ORT. Al entierro asistió el Comité Central de la ORT, presidido por Avelino Hernández. El féretro estaba cubierto por la bandera de esa organización política. La prensa de la época fue poco explícita en el modo de la muerte de Luis. Nunca se supo si fue un accidente o un asesinato político. No hubo detenidos ni culpables. Tampoco se conocieron otros detalles de su muerte, que solo circularon por los ambientes íntimos del artista rondeño.

Antes de terminar, nos remitimos al primer párrafo de este escrito, para invitarles a filosofar sobre el comportamiento rondeño hacia este joven que murió olvidado de sus paisanos y que era loado, alabado, reverenciado, aplaudido y amado por sus paisanos cada vez que paseaba por nuestras calles. Luego, tras su muerte (con indicios de asesinato político) fue apartado de la popularidad y jamás se hizo el más mínimo homenaje a un rondeño que, por su trayectoria artística era merecedor, inclinaciones políticas aparte. Nosotros, desde aquí, si le rendimos un entrañable recuerdo y un humilde homenaje.